El espectáculo, que rindió homenaje a la historia y al alma del pueblo gitano, cautivó al público durante casi dos horas de intensidad artística, emoción y complicidad escénica. Desde el primer compás, Marina Heredia desplegó su arte con una entrega total, acompañada por un equipo de músicos y artistas que brillaron por su calidad y sincronía. La puesta en escena fue sobria pero cargada de simbolismo, y cada pieza interpretada conectó con el público a través de un lenguaje universal: el del sentimiento. Un elenco de lujo para una historia profunda La guitarra estuvo en manos de José Quevedo…
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