Estos días he estado en Galicia y he escuchado varias veces una misma historia. Padres que cuentan que sus hijos han estudiado una carrera universitaria y, después de terminarla, han tenido que marcharse porque en Galicia no encontraban un trabajo acorde con su formación y, sobre todo, suficientemente bien remunerado.
Según los últimos datos disponibles de los titulados universitarios gallegos, una parte importante tiene que buscar su futuro fuera: alrededor de un 22% trabaja en otra comunidad autónoma y entre el 7 y el 10% en el extranjero. Es decir: Galicia invierte en formar a sus jóvenes y una parte de ellos acaba poniendo sus conocimientos al servicio de otras economías.
Galicia necesita jóvenes. Necesita trabajadores. Necesita profesionales cualificados. Necesita aumentar su población activa y hacer frente a un envejecimiento que es muy intenso en buena parte de su territorio, pero, por falta de oportunidades los jóvenes bien preparados han de marchar para desarrollar su carrera profesional.
No estoy hablando solamente de médicos, ingenieros o informáticos. Un joven puede terminar una carrera, hacer un máster, aprender idiomas y encontrarse después con un mercado laboral donde los puestos relacionados con su formación son escasos o están peor pagados que en otras zonas de España, y no les cuento del extranjero. Por lo tanto, los jóvenes marchan de Galicia, con destino a Madrid, Barcelona, País Vasco, Valencia, otras comunidades o incluso otros países que ofrecen mercados laborales más grandes, mayores oportunidades y, salarios superiores.
El problema no es que los jóvenes gallegos quieran viajar. Eso ha ocurrido siempre y puede ser una experiencia magnífica. El problema aparece cuando marcharse deja de ser una opción y se convierte en una necesidad.
Galicia cuenta con innumerables empresas que aseguran tener dificultades para encontrar determinados perfiles profesionales. Pero las condiciones, laborales, económicas y de desarrollo personal no siempre encajan entre oferta y demanda, y las empresas sostienen que no encuentran trabajadores cualificados, pero el mercado laboral no conecta una cosa con la otra, siendo el principal actor, el problema de los salarios.
La remuneración media de los asalariados gallegos se situó en torno a los 24.200 euros anuales en 2024. Hay sectores con salarios considerablemente superiores, pero también otros en los que no se puede encontrar un trabajo de calidad que este bien pagado, y todo ello se centra en un solo parámetro: la dificultad de asumir el coste de vivir.
Si un joven tiene que pagar vivienda, transporte, alimentación y todos los gastos normales de una persona independiente, un salario bajo o medio puede no ser suficiente para construir un proyecto de vida.
Cuando un joven se marcha, no se marcha solamente un trabajador. Se marcha una persona que algún día podría comprar una vivienda, emprender un negocio, formar una familia, tener hijos y participar en la vida económica y social de su territorio.
Hay que crear las condiciones para que quedarse en Galicia sea una opción razonable, eso significa empresas más productivas, más actividad industrial y tecnológica, mejores salarios y mayor capacidad para crear puestos de trabajo cualificados. Y significa también facilitar que las empresas que ya existen puedan crecer , porque cada joven que se marcha porque no encuentra en Galicia un trabajo acorde con su preparación representa una oportunidad que la comunidad pierde, y si el talento emigra al extranjero, es un bien que España pierde definitivamente.
Desgraciadamente este asunto se reproduce con notable paralelismo en otras comunidades autónomas, por idénticas circunstancias, lo que no centra solamente le problema en Galicia, si no en la mayoría del territorio español.
No podemos pedir a los jóvenes que tengan hijos, que se independicen, que compren o alquilen una vivienda, que contribuyan al sistema de pensiones y que sostengan el futuro demográfico del país, si cuando terminan sus estudios, les ofrecemos contratos precarios, salarios insuficientes o simplemente les obligamos a buscar su futuro a cientos o miles de kilómetros de su casa.
Joan Pau Rica Lopez










