El artista granadino dedicó a su padre un emotivo mensaje en redes sociales horas antes de la despedida, marcada por el cariño de familiares, amigos y vecinos y por la música de Rafael Farina, una de las pasiones de Florentino
Valderrubio (Granada), 21 de septiembre de 2026.— Rafael Amargo despidió este domingo a su padre, Florentino García, en Valderrubio, en una jornada profundamente emotiva en la que familiares, amigos y numerosos vecinos de la localidad quisieron acompañar al artista y a su familia.
La despedida comenzó, en realidad, unas horas antes y a través de las palabras del propio Rafael. A primera hora de la mañana, el artista publicó en sus redes sociales una fotografía en la que aparece junto a su padre, ambos cogidos de la mano. La imagen estaba acompañada por la voz de Florentino cantando, convirtiendo la publicación en un recuerdo especialmente íntimo y personal.
«Y tú me apretaste la mano más fuerte que yo», comienza el texto de Rafael, que continúa recordando lo que significó aquel gesto entre ambos: «Entendí en solo ese gesto que eras mi padre (respeto), que estabas presente (amor) y que nuestra complicidad en solo ese apretón de manos era un pacto de tantas cosas».
No fue únicamente el mensaje de un hijo ante la pérdida de su padre. Fue también el relato de una relación construida durante toda una vida, de complicidades que muchas veces no necesitaban palabras y de una forma muy particular de entenderse.
Rafael recuerda cómo ambos podían contárselo todo, incluso sin hablar, y cómo Florentino tenía siempre una frase corta y directa para cada situación. Entre los recuerdos que ha querido compartir aparece uno especialmente doloroso, relacionado con uno de los momentos más difíciles que ambos atravesaron juntos. «Hijo, ¿ves cómo es la vida? En la vida no hay mayor verdad que tó es mentira», le dijo Florentino mientras los dos se marchaban llorando.
Esa manera de estar junto a su hijo se mantuvo hasta el final. Rafael recuerda también cómo su padre se adelantaba constantemente a cualquier necesidad para ahorrarle «una fatiga, dolor o vergüenza». Una forma de protección que el artista identifica con el amor, pero también con «su señorío y su clase».
Un padre presente durante toda una vida
Florentino García no fue solo el padre de Rafael Amargo. Fue también una de las personas que acompañaron desde el principio el camino personal y artístico de su hijo.
Junto a Antoñita, madre de Rafael, estuvo presente desde los primeros pasos de su carrera. Antoñita ha sido durante años una figura fundamental en la trayectoria del artista, encargándose personalmente de su vestuario y permaneciendo siempre cerca de él en sus diferentes etapas profesionales.
Florentino desempeñó igualmente un papel muy activo. Además de acompañarlo como padre, estuvo implicado en distintos momentos de su trayectoria y llegó a ejercer en ocasiones como productor, formando parte de ese pequeño núcleo familiar que estuvo detrás de Rafael cuando todavía comenzaba a abrirse camino en el mundo del arte.
Antes de los grandes escenarios, de los viajes y de los reconocimientos internacionales, estuvieron ellos.
Y por eso Rafael no habla únicamente de su padre como alguien que estuvo presente en su infancia o en su vida familiar. Habla de un hombre que caminó a su lado, que conocía sus preocupaciones, que compartía sus alegrías y que permaneció pendiente de él incluso en los momentos más complicados.
Uno de los recuerdos que más ha emocionado al artista es precisamente la constancia de esos pequeños gestos. Durante los últimos cinco años, Florentino le enviaba diariamente los mismos mensajes: «Buenos días hijo» y «Buenas noches hijo».
«Tardé como un año en darme cuenta, ¿qué padre hace eso? Diariamente durante cinco años», escribe Rafael.
Florentino, el hombre querido por todos
En su mensaje, Rafael también ha querido recuperar al hombre que existía más allá de su condición de padre. Lo define desde los recuerdos y desde la vida que construyó en Valderrubio: «Florentino, el tendero, el banquero, presi del equipo de fútbol del pueblo, el de la chozita alegre».
Pero Florentino era también tío, abuelo y bisabuelo, una persona alrededor de la cual se había construido una extensa familia y numerosos vínculos de afecto.
Rafael habla de él como «el tío que casó a cinco sobrinos», como confidente y como ese «Tito Florentino» al que muchos acudían en busca de una palabra, una complicidad o simplemente su compañía.
Ese cariño quedó especialmente patente durante la jornada del domingo.
Desde las 12:00 horas, el Tanatorio de Valderrubio acogió el velatorio. Por allí fueron pasando familiares, amigos y vecinos de la localidad, muchos de ellos con una relación de años con Florentino y con la familia Amargo.
A las 18:00 horas se celebró una misa en la Iglesia de Nuestra Señora de la Purificación de Valderrubio. Después tuvo lugar el entierro, en una ceremonia íntima y profundamente emotiva en la que Rafael estuvo acompañado por los suyos.

La música que Florentino quería
Por deseo de sus hijos, el entierro estuvo acompañado por la música de Rafael Farina, una de las voces que más gustaban a Florentino.
Sonó «Vino amargo», una canción especialmente querida por él y que acompañó el momento de su despedida.
La elección de la canción convirtió aquel instante en algo todavía más personal: la voz de Farina, tan vinculada a los gustos musicales de Florentino, puso música a una despedida en la que se mezclaron el dolor por la pérdida y el recuerdo de toda una vida.
Fue un momento especialmente emotivo para todos los presentes.
Rafael, junto a los suyos
Durante toda la jornada, Rafael Amargo permaneció arropado por su familia y por las personas más cercanas. Entre ellas, Luciana Bonn, su esposa, compañera, amiga y una de las personas fundamentales en su vida.
Luciana vivió la despedida profundamente afectada y permaneció en todo momento junto a Rafael, acompañándolo en una jornada especialmente dura. Su presencia volvió a poner de manifiesto el papel que ocupa desde hace años junto al artista, tanto en su vida personal como en su día a día.
Familiares y amigos llegados desde distintos lugares quisieron estar también junto a Rafael. A ellos se sumaron numerosos vecinos de Valderrubio, que durante toda la jornada mostraron su cariño y respeto hacia Florentino y hacia toda la familia. También estuvo presente el alcalde de Valderrubio, que quiso acompañar personalmente a la familia en estos momentos y rendir su respeto a Florentino, una persona estrechamente vinculada a la vida y a la hisoria cotidiana de la localidad.
Rafael ha querido agradecer expresamente ese acompañamiento: a sus familiares, a sus amigos, a todas las personas que se desplazaron para estar a su lado y, especialmente, a los vecinos de Valderrubio que quisieron despedir a Florentino y acompañar a la familia en estos momentos.

La mano de un padre y la memoria de un hijo
La fotografía que Rafael compartió a primera hora del domingo adquiere ahora un significado todavía mayor.
En ella aparecen padre e hijo cogidos de la mano. Una imagen sencilla que, sin embargo, resume buena parte de la relación que ambos mantuvieron: respeto, protección, complicidad y un vínculo construido durante toda una vida.
Junto a esa fotografía, la voz de Florentino.
Y después, las palabras de Rafael, que no quiso hacer de su despedida un discurso, sino dejar escrito el recuerdo de un padre que estuvo presente hasta el final.
Su mensaje termina con una frase que resume todo aquello que las palabras no pueden explicar:
«Palabras no llegan a tanto amor que diste a tantos y a todos».
Florentino García ha sido despedido en Valderrubio rodeado de su familia, de sus amigos y de muchos de los vecinos que compartieron con él una parte de su vida. Se marcha dejando atrás una historia familiar profundamente ligada a esta localidad y, para Rafael Amargo, el recuerdo de un padre cuya presencia estuvo siempre mucho más allá de la palabra «padre».
Queda su voz. Quedan sus frases. Quedan sus canciones. Quedan los recuerdos.
Y queda, sobre todo, aquella mano que Rafael todavía siente apretando la suya.










