por María José Luque Fernández
-.Un viaje de versos, refugio y rebeldía.-
El giro del destino.- La aventura de los 37
Ser madre a los 37 años de edad se presentaba como una aventura, no te diré que deseada ni tan siquiera esperada; llegó sin avisar después de un cambio en mi vida. Un divorcio que dejó atrás una convivencia de veinte años. ¿Por qué? Nunca tiene uno el conocimiento total de lo que verdaderamente ocurre, simplemente sucede y lo importante es darse cuenta de ello.
Después de un tiempo de escribir solo a veces, cuando siempre lo había hecho con frecuencia, fue en esos días en que mi mente se iba acomodándose a lo que estaba ocurriendo cuando comencé a plasmar en un cuaderno a cuadros algunos pensamientos que se fueron encadenando. Allí volvieron a nacer mis ensayos y reflexiones que después conformaron uno de mis libros, el cual pasé, entonces,
tecleando en mi máquina. Aunque tenía ordenador, prefería el tacto de las teclas y la pulsión que se necesitaba para plasmar cada letra en el papel. No volví a escribir poesía hasta un tiempo después. Leía, reflexionaba y escribía. Paseaba, observaba, me deleitaba. Cubrían mi tiempo mis hobbies: la pintura, la fotografía, nadar y el yoga, por supuesto… Se acomodó la vida de otra manera que nunca habría pensado y que tal vez ya no quería, pero así fue y tuve una cita, nueve meses después, con un
pequeño ser que iba a desbordar mi vida en su más amplio sentido.
El refugio de los versos y las noches largas.-
Y volvió la poesía a mi vida. Me gustaba recitar a mi bebé, aún en la bolsa materna, mis poemas, y escuchábamos música juntas. ¿Qué tipo de poesía? Letras con cadencia, con musicalidad; el contenido no era lo más importante, sí el sentir o, más bien, el cómo me sentía. Tuvimos muchas noches para aunar nuestros sentidos, para conocernos, para intuirnos, tal vez más de las deseadas. Fueron noches con sus días en que la enfermedad se hizo presente y nada como recitar poesías como si fueran nanas e inventar cuentos, todo para que se olvidaran los malos momentos. Llegaban
también poemas de Lorca, de Alberti, de Gloria Fuertes, que nos fueron acompañando durante toda la infancia y la adolescencia. Con alegría veía cómo disfrutaba con ellos y cómo creaba conmigo poemas a dúo, para después escribir sus propios poemas. Tiene ya 21 años y escribe tanto prosa como poesía y lee, por supuesto, y mucho, entre otras muchas cosas.
Garabatos a mano y el crecimiento vital.-
Pero estamos hablando de poesía. Yo ya no dejé de escribir poesía: lo grababa de camino a la escuela o a la consulta médica; lo garabateaba en un papel en la oficina o en una servilleta en el tiempo de café que el trabajo me concedía. No importa el momento cuando hay instantes que te hacen sentir, pensar, recrearte, admirar…
Siempre escribía para mí en el tiempo que me restaba del cuidado de mi pequeña y siempre en mis cuadernos, a mano. Creo que es una pena que se haya perdido esa costumbre de escribir a mano, de hacer llegar cartas. Yo, a pesar de ser una persona muy sensible y, a la vez, muy rebelde, no había tenido esos altibajos, ni depresiones, ni… y mi rumbo vital se iba ajustando al ritmo de la vida que tocaba llevar en cada momento o etapa. Me refiero a esto porque no encontrarás en mi poesía esas
sensaciones o vivencias.
En el discurrir de los años, mi poesía ha ido cambiando, se ha ido transformando, ha ido creciendo y, aun así, sigo siendo un aprendiz más. ¿Qué puedes encontrar en mi poesía? Retazos de muchos poetas, tanto hombres como mujeres, igual da para adultos que para el lector infantil. Y además a mi hija; ella está presente en todo lo que a mí concierne. Si eres buen observador lo verás, encontrarás detalles en algunos poemas, o el poema que es de ella o… hasta que llegó el día en que nació un poemario entero para ella: “Luz serás, para mi hija Noelia”, un poema que desborda amor. ¿Cuándo?
Durante esa pandemia que nos quitó tanto. No sé si fue la poesía y los cuentos lo que nos unió de tal manera, pero lo que sí me queda claro es que seguimos manteniendo esa sincera y limpia conexión que nos une y que yo diría que es poesía.
De la intimidad del hogar a las redes sociales.-
Fue en noviembre de 2011 cuando decidí dar un paso más y salir de paseo por las redes en la conicidad +google y en Blogger. A partir de ahí creé mis primeros blogs, que obtuvieron muchos reconocimientos, y así empezaron a conocer a esa poeta que mandaba besos que eran lluvia de sonrisas y colores: “Sonrisas de Camaleón”.
En 2015 vio la luz mi poemario artístico infantil-juvenil «Sueños de hoy, recuerdos de ayer para mis niños», una obra que, para mi alegría, obtuvo maravillosas críticas. Lectores y académicos destacaron su verso libre de raíz whitmaniana y lorquiana, así como la frescura de unos versos que recordaban a la prosa poética de Juan Ramón Jiménez en Platero y yo.
Quienes se adentraron en sus páginas supieron ver con precisión lo que significaba para mí: una invisible línea temporal que unía la nostalgia de mi propio pasado con un presente lleno de alegría infantil junto a mi hija Noelia, arropado todo bajo el manto de una delicada visión maternal. Definido como una pequeña gran joya altamente recomendable tanto para niños como para adultos, este libro abrió el camino a lo que vendría después.
Me encanta crear poemas para niños, una vocación que nunca abandonaré. En un mundo que a veces se vuelve gris y tecnológico, escribir para los más pequeños —y para el niño que todos llevamos dentro— es mi forma de mantener viva la magia, la rebeldía y la esperanza.
Entiendo que a veces la maternidad se puede volver complicada, que dentro del ritmo de vida que llevamos en la sociedad actual puede llevar a desbordarse física y emocionalmente, pero también es cierto que muchas veces, no siempre, es un problema que creamos nosotras mismas. Date tiempo, deja que todo fluya, intenta que todo sea calmo y pausado dentro de un ritmo inherente al momento. Busca momentos, de la única manera posible, con ayuda del resto de los que conviven contigo ( padres, hermanos, amigos). Descarga si lo crees necesario e incluso si crees que no puedes más, ve a un psicólogo, te ayudará aunque no lo creas.
No puedes ver la maternidad ni la crianza, ni tan siquiera la adolescencia como obligaciones dolorosas, son ciclos que se abren y se cierran con naturalidad, con sobresaltos, con sorpresas, con alegrías y con disgustos (depende también de la forma en que lo afrontemos todo) Es un cambio de vida que hay que tomar como tal y reconfigurarla como tu quieras que sea dentro de lo posible en cada momento, mimarse es importante, conservar o recuperar energía y sobre todo tomar de cada uno de esos momentos lo aprendido y aprehenderse de amor, de cariño, del sentir que te produce tu bebe, tu niño, tu adolescente, emocionarse creo que sería la palabra adecuada.
Pasear, nadar y el yoga para mi es fundamental pues lo práctico desde los 18 años y es mi fiel compañero y mi descarga en los momentos en que ha sido necesario, que si lo ha sido. Mi crianza no fue nada fácil pero aquí estoy. Es cierto que acabé “reventada” por qué compaginar crianza con trabajo es muy complicado y agotador y cuando caía en la cama era ni tan siquiera para soñar, eso ya era mucho pedir, pero se puede y de cada uno de esos tramos de la maternidad te puede acompañar perfectamente, la lectura, el aprendizaje, la escritura y la poesía.
Fue cuando Lia tenía ya 10 años cuando pude tener algo más de tiempo tras las escolares, mientras haciamos la tarea juntas, ella estudiaba y yo siempre pendiente de ella y sus progresos, escribía; naciendo mis primeros libros.
Poesía mucha, por qué fluye sin tener que sentarse a redactar y corregir, darle forma.
Son 11 poemarios los que definen mi pasear por esta senda y te diré que la poesía es el todo en la nada. No tengas prisa, solo no te detengas mamá poeta y continúa sembrando el mundo con tu poesía, recuerda que la maternidad te otorga sabiduría, paciencia y seguridad en ti misma, entre otras muchas cosas que descubrirás en tu poesía.
@María José Luque Fernández
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