Vivir dos semanas en una estructura de dos plantas con forma de tubo, sin ducha, con comida de sobre y sin poder salir sin un traje de veinte kilos. No es un reality show, es la antesala del espacio. Mariló Torres, piloto cordobesa y candidata a astronauta, ha vuelto del desierto de Utah con un hito bajo el brazo: es la primera mujer española que comanda una misión análoga internacional mixta en la estación MDRS, un laboratorio financiado por Elon Musk donde se ensaya la conquista de Marte.

La Mars Desert Research Station (MDRS) es, probablemente, el lugar más parecido a Marte sin salir de la Tierra. Sus responsables lo llaman «el análogo», y desde hace más de veinte años acoge a científicos de todo el mundo que quieren probar cómo sería vivir en otro planeta. Entre sus patrocinadores figuran el coautor del primer alunizaje, Buzz Aldrin, y el fundador de SpaceX, Elon Musk. Ambos saben que, antes de enviar humanos a Marte, hay que ensayar en casa.
Ese ensayo tiene nombre y apellidos femeninos por primera vez en una misión mixta: Mariló Torres. Durante catorce días, la Crew 328 ha estado bajo su mando. El equipo, formado por cinco especialistas de Estados Unidos, Canadá, India y Brasil, ha convivido en un hábitat de 7,5 metros de diámetro donde cada decisión contaba. Las salidas al exterior requerían protocolos de presurización, los recursos hídricos estaban limitados a seis litros diarios por persona y cualquier problema debía resolverse con lo que hubiera dentro, porque no hay ferretería en Marte.
La carga científica de la misión ha sido intensa. El equipo ha realizado actividades extravehiculares de exploración y cartografiado del terreno, recogiendo muestras de rocas y minerales que podrían tener equivalentes en el planeta rojo. También han trabajado con cultivos agrícolas en condiciones extremas: plantaron semillas de tomate y rábano que pasaron meses en la Estación Espacial Internacional para estudiar cómo la radiación y la falta de gravedad alteran su desarrollo. Los resultados podrían ser clave para diseñar invernaderos espaciales autosuficientes.

Otra línea de investigación ha sido el cuidado de la piel en el espacio. La tripulación ha probado un producto cosmético diseñado para resistir la radiación ionizante y la microgravedad, factores que aceleran el envejecimiento y dañan el ADN. Los datos recabados se enviarán a laboratorios europeos y estadounidenses.
Torres, que ya había participado en cinco misiones análogas, reconoce que esta ha sido la más exigente. «No es solo cuestión de resistencia física, es liderar, gestionar egos y mantener la calma cuando algo sale mal», explicó a su regreso. Su capacidad de mando ha quedado acreditada: la NASA ha incluido a la Crew 328 en un estudio global sobre estrategias de afrontamiento en exploración de larga duración.
Ahora, el siguiente paso es dejar atrás los simuladores. Mariló Torres se prepara para comenzar su entrenamiento teórico como candidata a astronauta privada en Titans Space Industries, una compañía con planes de lanzar estaciones comerciales. Su objetivo es claro: colgar el traje análogo y ponerse uno de verdad. Si lo consigue, aquella niña cordobesa que miraba las estrellas se convertirá en una de las pocas personas que han visto la Tierra desde fuera. Y todo empezó en un desierto de Utah, dentro de un tubo, mandando sobre tomates marcianos y crema solar espacial.